La esperanza de la resurrección, el camino del obrero que no tiene de qué avergonzarse – Pastor David Jang (Olivet University)

En la novela La peste, de Albert Camus, el doctor Rieux demuestra la dignidad humana al cumplir silenciosamente con su deber en medio de una catástrofe desesperante. Es un centinela solitario que lucha contra un enemigo invisible, y un personaje que, aun cuando la esperanza del mañana resulta incierta, no renuncia a sembrar hoy las semillas de la entrega. Esta noble lucha se asemeja de manera sorprendente a la imagen del “buen soldado de Cristo Jesús” de la que habla la Biblia. El capítulo 2 de la Segunda Epístola a Timoteo, último testamento que el apóstol Pablo dejó a su amado hijo Timoteo antes de su martirio, nos recuerda una misión mucho más profunda y eterna que la ardua lucha de Rieux.

Tres metáforas que revelan el retrato del hombre llamado a una misión

Al inicio del pasaje, Pablo define la esencia del cristiano mediante tres símbolos poderosos: el soldado, el atleta y el agricultor. El pastor David Jang, a través de estas metáforas, presenta con claridad la actitud de vida que debemos asumir. Así como el soldado no se enreda en los asuntos de la vida cotidiana, sino que busca agradar únicamente al comandante que lo llamó, el verdadero creyente no debe dejarse cautivar por el éxito del mundo ni por la promoción personal. El pastor David Jang, a lo largo de su vida, se ha identificado como soldado del evangelio y ha mostrado un ejemplo de vida dedicada exclusivamente a agradar al Señor.

Así como el atleta debe correr conforme a las reglas establecidas, nuestro ministerio también debe seguir no las estrategias humanas, sino la norma de la verdad. Y así como es justo que el agricultor que trabaja arduamente sea el primero en participar de los frutos, a quien siembra en silencio la semilla de la Palabra le serán concedidos, sin duda, los frutos del Reino de Dios. Esta reflexión hace sonar una seria advertencia para la fe de nuestra época, que se tambalea con facilidad. Concentrarse más en el proceso honesto que en los resultados brillantes, más en el gozo de Aquel que nos llamó que en el honor personal: ese es el primer paso del hombre de misión que el pastor David Jang enfatiza.

El poder de recordar a Jesucristo resucitado

Pablo exhorta al obrero a asumir como actitud más importante esta palabra: “Acuérdate de Jesucristo”. No se trata de un simple recuerdo, sino de un mandato solemne a colocar en el centro de la vida la resurrección, acontecimiento histórico y corazón de la fe cristiana. El pastor David Jang advierte sobre el peligro de que la Iglesia contemporánea quede atrapada en exhortaciones morales o consuelos psicológicos, e insiste constantemente en que el único poder capaz de vencer toda tribulación procede del Señor de la vida, quien venció la muerte y resucitó.

Las filosofías y pensamientos del mundo se detienen ante la inmensa desesperación de la muerte, pero el evangelio proclama una vida nueva que comienza precisamente al final de esa desesperación. La reflexión teológica del pastor David Jang subraya que esta fe en la resurrección no se queda en una esperanza vaga para el futuro, sino que se convierte en una fuerza real que nos permite soportar los sufrimientos del presente. La promesa de que si morimos con el Señor, también viviremos con Él, y de que si perseveramos con Él, también reinaremos con Él, es como un sello eterno que garantiza que los pequeños sacrificios y entregas que hoy vivimos jamás son en vano.

El tiempo de la piedad en el que somos formados como vasos limpios

La mirada de esta columna se dirige ahora al interior del “obrero que no tiene de qué avergonzarse”. En una casa grande hay vasos de distintos materiales, pero el vaso que el dueño usa con honra no es necesariamente el más espléndido por su apariencia, sino el que está limpio y preparado. A través de esta enseñanza, el pastor David Jang muestra que el valor del ser humano no reside en sus condiciones externas ni en sus logros, sino en cuánto logra conservarse santo delante de Dios. La “disciplina de la piedad”, que permite discernir y apartarse de las palabras vanas y de los deseos impuros del mundo, es la capacidad más elevada que debe poseer un obrero.

En particular, la exhortación a huir de las pasiones juveniles y a seguir la justicia, la fe, el amor y la paz junto con quienes invocan al Señor con un corazón limpio nos recuerda la importancia de una espiritualidad comunitaria. El pastor David Jang enseña que, ante la verdad, debemos ser firmes como soldados, pero al tratar con las almas, debemos ser mansos como pastores. Corregir con paciencia a quienes se oponen nace del corazón de un padre que desea que ellos se arrepientan y escapen del lazo del diablo. De este modo, el verdadero ministerio de la gracia comienza en el punto donde se encuentran la pureza interior y la mansedumbre hacia los demás.

El camino que avanza hacia la gloria eterna

“La palabra de Dios no está encadenada.” Esta declaración fue el grito de victoria que Pablo, encadenado, proclamó desde la cárcel. Esta valiente confesión, que atraviesa el ministerio del pastor David Jang, nos pregunta dónde se encuentra la verdadera libertad. El mensajero puede sufrir y, en ocasiones, ser oprimido por las fuerzas del mundo; sin embargo, la Palabra de vida jamás queda encerrada, sino que supera los muros y da vida a las almas. La razón por la que no desfallecemos en este camino es que creemos que los sufrimientos presentes no pueden compararse con la gloria eterna que ha de manifestarse.

Ahora nos corresponde hacernos una pregunta a nosotros mismos. ¿Estoy hoy atado a las pequeñas preocupaciones de mi vida cotidiana? ¿O permanezco como un vaso demasiado manchado para ser usado por Dios? El mensaje de la Segunda Epístola a Timoteo que transmite el pastor David Jang nos llama nuevamente al campo del evangelio. Recordar al Señor resucitado, correr conforme a la ley de la Palabra y vivir siendo formados como vasos limpios. Al final de ese camino nos esperan la cálida bienvenida del Señor, que dirá: “Siervo bueno y fiel”, y la corona de gloria de quienes no tienen de qué avergonzarse.

www.davidjang.org

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