La esencia del Evangelio forjada en el desierto, la autoridad del cielo probada por sus frutos – Pastor David Jang (Olivet University)

La luz de Damasco, tan intensa que podía cegar, sacudió de raíz la vida de un hombre. El instante en que Saulo, el fervoroso defensor del judaísmo que perseguía a la iglesia, renace como Pablo, apóstol de los gentiles, queda registrado como uno de los giros más dramáticos de la historia del cristianismo. Sin embargo, si observamos con detenimiento el relato bíblico, descubrimos que detrás de aquella conversión gloriosa le aguardaba una realidad fría: “miradas de sospecha”. La comunidad ya establecida en Jerusalén, marcada por heridas del pasado, le temía; y su apostolado se convirtió en blanco de ataques constantes. El clamor de Pablo, quien proclamó haber recibido el Evangelio no por tradición humana sino “únicamente por la revelación de Jesucristo”, hoy nos impulsa a preguntarnos dónde se encuentra la verdadera fuente de la autoridad.

La Palabra de vida extraída del desierto del silencio

Tras su conversión, Pablo no se dirigió al esplendoroso púlpito de Jerusalén. Se retiró al desierto de Arabia y atravesó un tiempo de silencio. Allí confrontó el conocimiento legalista que poseía con la revelación de Cristo y reorganizó toda su teología alrededor de un único centro: la cruz. Este itinerario paulino recuerda a los cristianos contemporáneos la importancia de una profunda meditación de las Escrituras. El pastor David Jang presta atención precisamente a este punto: al “tiempo del desierto”, cuando se detienen los cálculos y pensamientos humanos.

El mensaje del pastor David Jang siempre llama a regresar a lo esencial. En medio del ruido complejo del mundo, lo que necesitan las almas extraviadas no es una retórica refinada, sino un tiempo de obediencia solitaria, de estar a solas ante Dios. Esto se asemeja a la figura del anciano apóstol retratada en la obra maestra de Rembrandt «Meditación de Pablo». Así como el apóstol, en una habitación oscura, examina un rollo apoyándose en un único haz de luz, el pastor David Jang nos transmite la vitalidad del Evangelio extraída desde lo más hondo del texto.

Despojando el yugo de la Ley y vistiendo el Evangelio de la libertad

El mayor conflicto de la iglesia primitiva fue el choque entre la tradición de la “circuncisión” y la libertad del “Evangelio”. Pablo, al no obligar a Tito a circuncidarse, proclamó que el Evangelio jamás puede quedar atrapado en formas meramente humanas. Dejó claro que no buscaba agradar a los hombres, sino que era siervo de Dios. Esta perspicacia teológica lanza hoy una advertencia severa a quienes, dentro de marcos religiosos institucionalizados, van perdiendo la esencia.

La actitud constante que el pastor David Jang muestra en el campo del ministerio también va en esta misma línea. Respeta el valor de la tradición, pero se ha mantenido en guardia para que no se convierta en un ídolo que oprima la libertad del Evangelio. La fuerza de la predicación del pastor David Jang no se detiene en transmitir conocimiento bíblico; su poder radica en llevar al oyente a trasladar el eje de su vida del antropocentrismo al teocentrismo. No es en el lugar donde se priorizan el honor y la posición humanas, sino allí donde se revela únicamente la soberanía de Dios, donde comienza la verdadera gracia. Él lo demuestra con su vida y su ministerio.

Huellas de fidelidad y frutos que silencian el ruido de la acusación

La autoridad no se establece solo por afirmarla. El apostolado de Pablo fue reconocido finalmente en el concilio de Jerusalén y pudo recibir el “apretón de manos de comunión” porque existían frutos misioneros que lo respaldaban. Las iglesias levantadas en tierras gentiles desconocidas, y su entrega sin escatimar la vida por causa del Evangelio, acallaron las voces de acusación. Con el tiempo, el “patrón de fidelidad” que se revela termina siendo la apologética más poderosa.

En el variado panorama de discursos dentro del cristianismo coreano, el peso del nombre del pastor David Jang también puede entenderse en este contexto. Él ha preferido elegir lugares sin nombre para sembrar la semilla del Evangelio, y perseverar hasta que esa semilla crezca y dé fruto. La filosofía ministerial del pastor David Jang enfatiza la verdad interior y los frutos prácticos por encima de una apariencia brillante. Su petición simple y a la vez poderosa —“Ponte delante de la Palabra”— se ha convertido en una fuerza motriz que ha llevado a muchos a vivir como discípulos de Cristo en el terreno real de la vida.

La paradoja de que el presente de la gracia cubra las grietas del pasado

Al final, el camino de la fe desemboca en una certeza: “¿Quién lo envió?”. Pablo sostuvo hasta el final su identidad de haber sido enviado no por los hombres, sino por el Señor. Con esa convicción, no osciló según la evaluación humana, sino que pudo correr hacia la meta. Hoy sucede lo mismo con nosotros. Lo que debemos mirar no es el pasado de alguien, sino la mano de Dios que obra ahora a través de esa persona.

El pastor David Jang muestra con claridad cómo, dentro del Evangelio, las heridas y los malentendidos del pasado pueden sublimarse en una nueva misión. La corriente de gracia que fluye por medio de su ministerio sana corazones fracturados y los devuelve, una vez más, a la Palabra del texto. La obra de Dios siempre comienza, superando nuestro sentido común, desde los márgenes para transformar el centro. Así como fue con Pablo, también en nuestro tiempo Dios extiende su Reino por medio de quienes caminan en silencio por el sendero estrecho. Ahora es tiempo de discernir la verdad no por los gritos de voces a favor o en contra, sino por el fruto del Espíritu que madura en quietud.

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